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lunes, 23 de abril de 2018

Jugando con Theos (Colaboración)




Nota Inicial:

La presente publicación fue escrita y elaborada por un colaborador y amable lector de este Blog. Este artículo NO fue escrito por el habitual escritor y responsable de este sitio Noé Molina. (*)


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Jugando con Theos

"Al principio, el Hombre creó a Dios; y lo creó a su imagen y semejanza.
Y el Hombre dio a Dios multitud de nombres, y el poder de que fuera el Señor de toda la tierra cuando al Hombre le conviniere."


Jethro Tull (Aqualung, My God)


Theos: voz de origen griego que significa Dios. Esa entidad, que bajo distintos nombres (Yahvé, Dios, Alá, Santísima Trinidad, entre otros) asoló la humanidad durante más de dos mil años hasta el día de hoy, con guerras, masacres, torturas, ejecuciones atroces, violaciones, traiciones, mentiras, engaños, odios, hipocresías, explotación del hombre, racismo, desprecio de la mujer, en nombre de las más perversas religiones monoteístas (cristianismos varios, catolicismo, protestantismo, islamismo), es la que todavía hoy se invoca y venera por parte de buena parte de la población mundial.

¿Cuales son las causas de esta creencia irracional, que genera prejuicios, "pecados", autocensura, sufrimientos, odios, intolerancia y que, en general, impide una vida sana, plena, libre y en armonía social?

Como por juego, voy a usar la palabra theos para explicar lo que para mí son las cuatro principales razones de esas creencias.

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I

Theos: T de temor. 


Lo que más teme la humanidad, desde que nuestros primitivos adquirieron conciencia de sí mismos, es la muerte, generándose una terrible incógnita sobre lo que hay (o no hay) más allá. A lo largo de la evolución desde nuestros primos primates existieron, y existen actualmente, infinidad de rituales mortuorios que buscan asegurar un buen pasaje hacia la otra vida (hace más de 200.000 años Homo heidelbergensis, antepasado de los neandertales, ya habría tratado a sus muertos de forma distinta). Panteístas y monoteístas buscan en la existencia de dioses creadores, una respuesta que los alivie de esa angustia. Y las religiones han dado una respuesta maravillosa a este temor, que fortifica y consuela a quien tiene fe. No solamente hay una parte de nosotros que es inmortal por naturaleza (el espíritu, aunque nadie ha podido demostrar su existencia), no solamente hay vida después de la muerte (que será gloriosa siempre y cuando te hayas "portado bien", es decir obedecido lo que la teocracia religiosa ordena en sus ansias de poder), sino que esa vida es eterna!! Magnífico, no se podría proponer algo mejor! Ese temor a la muerte lleva, por supuesto, a adherir sin reparos a esta "verdad absoluta" con la que se embanderan todas las religiones. Pero esto dista mucho de lo que nos está demostrando la ciencia actual...

La idea de Dios, las religiones y la referencia a un más allá, en que el hombre podría pervivir tras la muerte, está presente ya en la prehistoria. El universo estaba dominado por un Ser personal, o Seres personales, a los que se podía recurrir en solicitud de ayuda y continuidad más allá de la muerte. No parece poder ponerse en duda que el éxito histórico de las religiones se debe a que conferían a los grupos humanos un horizonte de esperanza frente al dramatismo de la vida y, por ello, los hombres podían soñar en un futuro mejor de liberación y salvación. En la esfera divina el creyente busca el origen y el final de su temerosa incertidumbre en cuanto a su existencia.

Pero no es solo el temor a la muerte lo que llevó al hombre a crear dioses. El temor a lo desconocido, la imposibilidad de explicar racionalmente muchos fenómenos, el pánico frente a fenómenos naturales, el miedo a ser castigados, llevó a las distintas civilizaciones a adjudicar un dios o una diosa a cada manifestación: Poseidón, Vulcano, Juno, Eros, Apolo, Zeus, Osiris, Neptuno, Diana y cientos de divinidades más. Hoy ya nadie cree en ellos, poco a poco el conocimiento fue explicando los fenómenos y desmontando esos mitos. Pero queda uno: el todopoderoso Dios de las grandes religiones actuales.

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II

Theos: h de herencia. 


Se define como los rasgos morales, científicos, ideológicos, culturales que, habiendo caracterizado a alguien, continúan advirtiéndose en sus descendientes o continuadores. La adquisición en la infancia de la cultura religiosa, a través de quienes más amamos y en quienes más confiamos, los padres, un líder carismático, la maestra, y de la sociedad, los medios de comunicación o de la propia iglesia, puede significar la adopción definitiva de esas enseñanzas por parte del niño. Si con la juventud o la madurez ese ser no es capaz de cuestionarse esas enseñanzas, mantendrá su formación por toda la vida y, lo que es peor, lo transmitirá a su descendencia. Esta transmisión vertical de las creencias, fue y es una de las formas más comunes y efectivas de mantener vigente el concepto de Dios. Así, la católica (y las otras religiones) es una religión impuesta, una fe de herencia. Nuestros padres eligen nuestra religión, tradicionalmente siempre hemos seguido la misma de nuestros padres, ellos nos inician en "su" creencia mediante rituales y enseñanzas, sin que tengamos uso de razón ni demos nuestro consentimiento. Al crecer, es muy difícil replantearse el tema y considerar que nuestros padres estaban equivocados: normalmente entraríamos en conflicto con nuestras familias y nos verían como "bichos raros", por lo cual seguramente pocos se atreven a dar el salto.

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III

Theos: e de endeblez, calidad de endeble, débil, debilidad. 


Dijo el escritor y periodista británico Chesterton, ferviente católico converso: "Jesús fundó su Iglesia sobre hombres débiles; o, dicho más exactamente, fundó su Iglesia contando con la debilidad de los hombres. En esto se distingue de casi todas las instituciones humanas, que han sido fundadas sin contar con esta debilidad; y que, al no contar con ella,  están condenadas inexorablemente a la extinción". Hablamos por supuesto de debilidad mental o estructural, no de debilidad física. El individuo débil es reacio a la toma de decisiones, no es capaz por sí mismo de enfrentar y superar situaciones adversas, y por eso necesita de alguien exterior, fuerte e infalible, que lo ayude y lo proteja. Se encomienda a un "Dios" para que él tome las decisiones que lo saquen del trance que lo agobia, pero para ello sabe que tiene que ser obediente y cumplir con los sacrificios, imposiciones y prohibiciones que fijan las iglesias en nombre de ese Dios, una vez más con el objetivo de conseguir poder y sumisión. No debe protestar por su situación actual, en especial si se encuentra en los estratos bajos de la sociedad, y debe resignarse a ella en pos de la vida eterna. Recordemos las famosas bienaventuranzas de Jesucristo: "Bienaventurados los pobres en espíritu, pues de ellos es el reino de los cielos" "Bienaventurados los que tienen hambre y sed de justicia, pues ellos serán saciados" (Mateo 5:3-12), entre varias otras que buscan el mismo fin: la resignación, la aceptación de su desgracia con alegría y esperanza y, sobre todo, la inacción, la no reacción contra las injusticias y el poder establecido. No reaccionen aquí en la tierra porque serán premiados en el cielo por toda la eternidad. Esta creencia por parte del ser débil lleva a los rezos individuales o colectivos, para pedir gracias, favores, ayudas, milagros, en lugar de luchar y buscarlos por él mismo. El rezo lleva a la inacción, al estancamiento, al retroceso. La fortaleza interior, la lucha, la perseverancia, la rebelión, la búsqueda de justicia, hacen al hombre libre y conquistador de su propio destino, sin necesidad de buscar ayuda externa.

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IV

Theos: os de oscuridad, ignorancia. 


"Iglesia del Final de los Tiempos (IFT) - Perú, 9 de diciembre de 2016 · 

ATENCIÓN HERMANO, ¡NO PIERDA ESTA OPORTUNIDAD! ¿Usted hermano se pregunta dónde irá a vivir después de dejar el mundo terrenal? ¿Dónde irá a establecer su familia luego de terminar su ciclo de vida? RECUERDE HERMANO, vivir en los cerros marginalmente creyendo estar más cerca del cielo y de Dios, es pecado! En este mes de caridad el profeta SS Andrés de la Barra inauguró la Pre-Venta para la adquisición de más Lotes Celestiales a beneficio del pueblo de Dios. No desaproveche está oportunidad hermano adquiera fácilmente su terreno en los cielos, condominios cómodos cerca de la posada de Dios y San Pedro. Toda la seguridad del caso, el papeleo del terreno va de mano con la Notaría de la iglesia IFT Perú.

Todos los pagos en nuestra página web: http://www.IglesiadelFinal.com 

Consejo Apostólico Peruano. IFT PERÚ."


No, no es una broma. Vayan a la web. Sin comentarios, se explica por sí solo.

Históricamente y hasta en la actualidad, los líderes religiosos siempre intentaron impedir el progreso de la ciencia y del conocimiento, sin que sea necesario aquí reproducir ejemplos por todos conocidos, tanto en el ámbito de la astrofísica como de la biología. El conocimiento se opone a las creencias teísticas, por lo tanto para seguir usufructuando del poder hay que mantener a la humanidad en la oscuridad, la ignorancia. La revelación sustituye a la investigación. El "no saber" impide elaborar juicios de valor con conocimiento de causa y deja a los individuos propensos a creer aquello que se les ha "revelado" y que no exige ningún esfuerzo intelectual. Simplemente hay que "creer" porque la Biblia, el Corán, el Talmud, los profetas y las autoridades religiosas lo dicen. La fe, por definición, es creer en aquello que no se puede demostrar.

Estudiosos y publicaciones estadísticas muestran que existe una relación inversa entre conocimiento y fe religiosa. Varios estudios indican que, en efecto, los científicos son menos religiosos que la media poblacional. Basado en las encuestas de The Baylor Religion Survey (BRS, Texas, USA, 2005), a la que respondieron 1.721 personas, y del Bureau of the Census Current Population Survey (USA, 2007), Scott Schieman, sicólogo de la Universidad de Toronto, señala que el nivel cultural puede relacionarse negativamente con las creencias de control e implicación divina en la vida cotidiana. El ateísmo, el agnosticismo y la increencia religiosa están extendidos en determinados segmentos de población, como los filósofos o científicos. Los profesores de matemáticas o los profesores de hermenéutica son más ateos y los ateos abundan más, de hecho, entre los académicos de las humanidades (Norenzayan A, Gervais WM, Trzesniewski KH (2012) Mentalizing deficits constrain belief in a personal god. PLoS ONE  7(5)). 

Las propias autoridades religiosas han constatado este fenómeno y están sumamente preocupadas. En una publicación del Consejo Pontificio de la Cultura, basado en los resultados de sus investigaciones (2004) que consideraron más de 300 respuestas procedentes de todos los continentes se lee: "Entre las causas del ateísmo, el Concilio menciona el cientificismo. Esta visión del mundo sin referencia alguna a Dios, cuya existencia se niega en nombre de los principios de la ciencia, se ha extendido ampliamente en la sociedad a través de los medios de comunicación. Ciertas teorías cosmológicas y evolucionistas recientes, abundantemente difundidas por publicaciones y programas de televisión para el gran público, así como el desarrollo de las neurociencias, contribuyen a excluir la existencia de un ser personal trascendente, considerado como una «hipótesis inútil», pues, se afirma, «no existe lo incognoscible, sino sólo lo desconocido»" (http://www.vatican.va/romancuria/pontifical__ councils/cultr/documents/rc_pc_cultr_doc_20040313_where-is-your-god_sp.html). Y, por supuesto, luego el texto sigue considerando como revertir esta realidad. En la publicación "Indiferencia religiosa. Teología fundamental" (http://www.mercaba.org/DicTF/TF_indiferencia_religiosa.htm), A. Charron, basado en una importante bibliografía religiosa,  intentando explicar las causas de la increencia religiosa, el agnosticismo y el ateísmo, constata lo siguiente: "Está en primer lugar el gran cambio cultural que atraviesan nuestras sociedades occidentales. Primero, el de la civilización científica y técnica, fruto de la relación del hombre moderno con la naturaleza y con su mundo. El hombre contemporáneo se caracteriza por la búsqueda de una acción transformadora sobre la naturaleza y la sociedad. La lógica de su universo está totalmente centrada en la racionalidad científica, con su traducción operatoria en la racionalidad técnica. Defiende el crecimiento indefinido del progreso. Todos disfrutamos de este trabajo del genio humano, del desarrollo de los conocimientos exactos, de sus efectos por mejorar nuestros servicios colectivos, por hacer que retroceda la pobreza y se restaure la dignidad humana".

Como lo ha demostrado la ciencia, las religiones están equivocadas con respecto a las cualidades de la naturaleza y el universo (B. Morris, 1995, Introducción al estudio antropológico de la religión, Ed. Paidós, pp 1-144, Barcelona). Así, el concepto de Dios no se combate con prohibiciones, se combate con conocimiento, ciencia y cultura. Estamos en camino, pero lleva tiempo.

Alberto Cirio


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(*) Nota Final:

El autor de esta publicación es "Alberto Cirio", fiel seguidor y colaborador de este Blog; quien amablemente me solicitó el compartir este artículo con el resto de los lectores; y al no estar en contra de la filosofía del Blog, es un honor para mí el poder publicarlo. El mismo Alberto se encargará de responder las dudas de los lectores a través de los comentarios.



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"La palabra Dios, para mí, no es más que la expresión y el producto de las debilidades humanas, y la Biblia una colección de leyendas dignas pero primitivas que son bastante infantiles. Ninguna interpretación, por sutil que sea, puede cambiar eso"


Albert Einstein





jueves, 19 de abril de 2018

Fragmentos del libro “La Biblia entre el Cielo y la Tierra” Parte 2 (Colaboración)




Nota Inicial:

La presente publicación fue escrita y elaborada por un colaborador y amable lector de este Blog. Este artículo NO fue escrito por el habitual escritor y responsable de este sitio Noé Molina. (*)


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Fragmentos del libro
“La Biblia entre el Cielo y la Tierra”
Parte 2
de Carlos Segures

La secta judía de los saduceos negaba la resurrección, un grupo de ellos se presentó ante Jesús para ponerlo a prueba acerca de la validez de ésta. Jesús debía responder con cual de los maridos que tuvo una mujer, que había enviudado de todos ellos, se iba a desposar cuando resucitaran los muertos, primeramente El les dijo: “Ustedes están en un grave error”, concerniendo a esa idea de resurrección que ellos tenían, y continúo indicando: “¿no habéis leído lo que Dios ha dicho: Yo soy el Dios de Abraham, el Dios de Isaac y el Dios de Jacob? Dios no es Dios de muertos, sino de vivos (Mt, 22:31 y 32)”. Jesús evoca las palabras de Dios a Moisés durante su aparición en medio de una zarza, haciendo alusión a una reunificación entre El y los patriarcas. El concepto de resurrección que allí se emite tiene una significación espiritual, y sugiere la existencia inicial de una vida incorpórea junto a Dios, una posterior separación y finalmente de un reencuentro. Ese devenir estaría representado en la parábola conocida como “del hijo prodigo”, en donde la frase: “estaba muerto y ha vuelto a la vida”, resulta clave para esta exégesis. La vuelta del hijo donde el padre es un volver a la vida, esto es, volver a Dios, que es la Vida. Esta sinonimia entre los vocablos Vida y Dios o Reino de Dios, se puede observar en Marcos, al referirse Jesús a la necesidad de evitar incurrir en pecados para granjear la Vida (Mc, 9:43, 45 y 47). Este renacimiento espiritual es denotado en el evangelio en el punto que se registra: “Respondió Jesús y le dijo: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de nuevo, no puede ver el reino de Dios… Respondió Jesús: De cierto, de cierto te digo, que el que no naciere de agua y del Espíritu, no puede entrar en el reino de Dios.Lo que es nacido de la carne, carne es; y lo que es nacido del Espíritu, espíritu es (Jn, 3:3, 5 y 6)”. Esa muerte que sobrellevamos, y que ha sido el fruto de la separación de Dios, es formulada en la epístola a los Romanos: “¿Quién me librará de este cuerpo de muerte? (Ro, 7:24)”. Quienes se entregan a los devaneos de la mundanería caen en una condición prosaica que los mantiene apartados de la Vida: “Y vosotros estabais muertos por vuestros delitos y pecados, en los cuales en otro tiempo habéis vivido, según el modo secular de este mundo (Ef, 2:1 y 2)”... 

En el evangelio de Juan se encuentra la extendida frase “la verdad os librará (Jn, 8:32)”. En este caso en particular a la palabra verdad se la entiende generalmente como aquello que tiene cualidad de veraz. Pero esa visión se desvirtúa al leer en forma completa la oración en donde ella está: “Jesús decía a los judíos que habían creído en El: Si permanecéis en mi palabra, seréis en verdad discípulos míos y conoceréis la verdad, y la verdad os librará (Jn, 8:31 y 32)”. Jesús identifica ese término consigo mismo: “Yo soy el camino, la verdad y la vida (Jn, 14:6)”. Y así es como queda inequívocamente claro la esencia de la verdad de la que se habla al señalar: “Si, pues, el Hijo os librare, seréis verdaderamente libres (Jn, 8:36)”… 

A pesar de que Jesús se rehusaba a ir a Judea sus hermanos le instaron a dirigirse a allá: “para que tus discípulos vean las obras que haces; nadie hace cosas en secreto si pretende manifestarse. Puesto que eso haces, muéstrate al mundo (Jn, 7:3 y 4)”; no obstante, esa valoración que se hace de su autoridad, culmina esa oración con esta acotación: “Pues ni sus hermanos creían en El (Jn, 7:5)”... 

En el evangelio de Juan se indica que “el que cree en el Hijo tiene la vida eterna; el que rehúsa creer en el Hijo no verá la vida, sino que está sobre él la cólera de Dios (Jn, 3:36)". En la primera epístola de Juan existe una sentencia análoga, aunque en ésta se manifiesta que la vida se obtiene en la consustancialidad con el Hijo: “Dios nos ha dado la vida eterna, y esta vida está en su Hijo. El que tiene al Hijo tiene la vida; el que no tiene al Hijo de Dios, tampoco tiene la vida (1 Jn, 5:11 al 13)”. Ahora bien, referente a la significación de la frase “el que cree”, Jesús hace notar: “estas señales seguirán a los que creen: En mi nombre echarán fuera demonios; hablarán nuevas lenguas; tomarán en las manos serpientes, y si bebieren cosa mortífera, no les hará daño; sobre los enfermos pondrán sus manos, y sanarán (Mc, 16:17 y 18)”… 

Admitiendo Pilato su imposibilidad de torcer la voluntad de la concurrencia, y que el destino luctuoso de Jesús era inevitable, “tomó agua y se lavó las manos delante de la muchedumbre, diciendo: Yo soy inocente de esta sangre; vosotros veáis”. La concurrencia, asumiendo la responsabilidad de su muerte, respondió: “Caiga su sangre sobre nosotros y sobre nuestros hijos (Mt, 27:24 y 25)”... 

Respecto de esa dicción simbólica que Poncio Pilato utilizó para evidenciar su inocencia, conviene hacer saber que la misma fue proferida con antelación en la Biblia en dos oportunidades, precisamente en los Salmos, de David en primer lugar: “Por eso lavo mis manos en señal de inocencia (Sal, 26:6)”, y de Asaf en segundo orden: “Entonces, ¿en vano mantuve puro mi corazón y lavé mis manos en señal de inocencia? (Sal, 73:13)”. Probablemente esta frase tenga su origen en una ley mosaica que establecía que en el caso de encontrarse, alejado de una población, el cuerpo de una persona muerta, fruto de un homicidio, y de no descubrirse al culpable, los ancianos de la ciudad más cercana tomarían una ternera, la transportarían hasta un arroyo de agua perenne, y tras degollarla y verter la sangre en el arroyo, se lavarían las manos en esas aguas y pronunciarían estas palabras: “No han derramado nuestras manos esta sangre ni lo han visto nuestros ojos (Dt, 21:7)”. Es evidente que la expresión “lavarse las manos”, concebida como un desentenderse de algo, es producto de una caprichosa extracción que se hace de ella del contexto en donde se encuentra... 



Testifican los evangelistas que Jesús estuvo sepultado desde un día viernes por la tarde hasta la madrugada del día domingo siguiente, tal como el propio Jesús, en reiteradas oportunidades, lo anunció diciendo que resucitaría “al tercer día”. Vale recordar que al comienzo de su ministerio, conforme a Mateo, Jesús adelantó que permanecería “el Hijo del hombre tres días y tres noches en el corazón de la tierra (Mt, 12:40)”, aludiendo a la señal del profeta Jonás que yació tres días y tres noches en el vientre de un pez… 

En el libro de los Hechos se recogen palabras de David para aplicarlas como una profecía vinculada a Jesús: “Señor,… que por boca de nuestro padre David, tu siervo, dijiste: “¿Por qué braman las gentes y los pueblos meditan cosas vanas? Los reyes de la tierra han conspirado y los príncipes se han confederado contra el Señor y contra su Ungido (Hch, 4:25 y 26)”. Es así que se asocian circunstancias y supuestas voluntades intentando ver en ellas cumplida esa profecía: “Porque en verdad juntáronse en esta ciudad contra tu Siervo Jesús, a quien ungiste, Herodes y Poncio Pilato, con los gentiles y el pueblo de Israel, para ejecutar cuanto tu mano y tu consejo habían decretado de antemano que sucediese (Hch, 4:27 y 28)”. Los que intentaban ejecutar a Jesús eran “los ancianos del pueblo, los principales sacerdotes y los escribas (Lc, 22:66)”, que acudieron ante Poncio Pilato para que él consumara ese propósito, pero luego de interrogar éste a Jesús señalo: “ningún delito hallo en este hombre (Lc, 23:4)”, frente a la insistencia de aquellos le remitió a Herodes, quien después de indagarlo lo devolvió a Pilato, el cual finalmente a aquellos acusadores les dice: “no he hallado en este hombre delito alguno de aquellos de que le acusáis. Y ni aun Herodes, porque os remití a él; y he aquí, nada digno de muerte ha hecho este hombre (Lc, 23:14 y 15)”. Concerniente a “los gentiles”, no hay ninguna mención en especial de ellos en los evangelios. Y por último, sobre “el pueblo de Israel”, conviene recordar que Jesús era seguido por multitudes en aquellos territorios que recorría, y que “los príncipes de los sacerdotes y los ancianos persuadieron a la muchedumbre que pidieran a Barrabás e hicieran perecer a Jesús (Mt, 27:20)”... 

Una de las ideas más relevantes de Pablo tiene que ver con el alcance de la fe: “en el evangelio la justicia de Dios se revela por fe y para fe, como está escrito: Mas el justo por la fe vivirá (Ro, 1:17)”. Con la intención de alegar acerca de la justificación del hombre solo por la fe, Pablo recurre a una cita del profeta Habacuc. Aunque al hacerlo incurre en un desatino, ya que allí se destaca el de ser justo como condición previa que debe reunir el hombre para vivir. Precisamente quien no es justo perece, tal cual reza la primera parte de la oración de la que se extrae aquel párrafo: “sucumbe el que no tiene alma recta, mas el justo por su... (Hab, 2:4)”. Algunas versiones de la Biblia traducen el remate de la oración de Habacuc como sostiene Pablo, mientras que otras, en vez de “por la fe” registran “por su fidelidad”. Coincide con esta última especificación lo que Dios formula a través del profeta Ezequiel: “El que… camine en mis mandatos y guarde mis leyes, obrando rectamente, ése es justo, vivirá, dice Yavé… si el justo se apartare de su justicia… ¿va a vivir?... por sus rebeliones con que se rebeló, por sus pecados que cometió, por ellos morirá (Ez, 18:9 y 24)”. En el libro de los Proverbios se denota una prescindencia de la fe para alcanzar la vida: “La ganancia del justo es para la vida (Pr, 10:16)”[…] “El que va tras la justicia y la piedad hallará vida, justicia y honor (Pr, 21:21)”. Moisés tampoco incluye a la fe como factor que hace posible conseguir ese propósito: “Sigue estrictamente la justicia, para que vivas (Dt, 16:20)”.Concerniente al destino que le depara al justo, Dios muestra no tomar en cuenta a la fe, al manifestar que cuando aquel “se apartare… de su justicia… pusiere yo una trampa delante de él, él morirá (Ez, 3:20)” ... 

A propósito de la herencia, insiste Pablo con posterioridad de esta manera: “Y digo yo: El testamento otorgado por Dios no puede ser anulado, de modo que la Promesa sea invalidada por una ley que vino cuatrocientos treinta años después. Pues si la herencia es por la Ley, ya no es por la promesa (Gl, 3:17 y 18)”. Como vimos anteriormente la herencia se recibe en virtud del cumplimiento de pautas establecidas por Dios. Paradójicamente, en su carta a los Colosenses, Pablo entra en conformidad con lo formulado en el Génesis: “sabiendo que del Señor recibiréis la recompensa de la herencia, porque a Cristo el Señor servís. Mas el que hace injusticia, recibirá la injusticia que hiciere, porque no hay acepción de personas (Col, 3:24 y 25)”. Y esto acentúa igualmente Pablo en su epístola a los Efesios: “alumbrando los ojos de vuestro entendimiento, para que sepáis cuál es la esperanza a que él os ha llamado, y cuáles las riquezas de la gloria de su herencia en los santos,… Porque sabéis esto, que ningún fornicario, o inmundo, o avaro, que es idólatra, tiene herencia en el reino de Cristo y de Dios (Ef, 1:18 y 5:5)”...



En su carta a Tito, Pablo habla del don de la salvación de Dios animado por una misericordia incondicionada, y de cómo “justificados por su gracia, viniésemos a ser herederos conforme a la esperanza de la vida eterna (Tit, 3:7)”. En otra carta, no obstante, expone que la concesión de la Vida eterna, por parte de Dios, deviene de una estimación en términos de merecimiento: “la revelación del justo juicio de Dios, que dará a cada uno según sus obras; A los que con perseverancia en el bien obrar buscan la gloria, el honor y la incorrupción, la vida eterna (Ro, 2:5 al 7)”.  En idéntico entendimiento adiciona despúes que el fruto de la libertad del pecado y del sometimiento a Dios es “la santificación, y como fin, la vida eterna (Ro, 6:22)”, mas seguidamente pierde la asonancia al sostener que la Vida eterna es conferida por Dios gratuitamente: “Porque la paga del pecado es muerte, mas la dádiva de Dios es vida eterna en Cristo Jesús Señor nuestro (Ro, 6:23)”. Esa idea de gratuidad no se compadece con esta otra que exterioriza Jesús: “¡Qué estrecha es la puerta y qué angosta la senda que lleva a la vida, y cuán pocos los que dan con ella! (Mt, 7:14)”… 

Por su lado, Jesús en ocasión de ser interrogado en orden a la condición necesaria para conseguir la vida eterna respondió: “Si quieres entrar en la vida, guarda los mandamientos (Mt, 19:17)”, finaliza esta plática con una exclamación acerca del alcance del reino que lejos esta de concebirse como una dádiva graciosa: “¡cuán difícil es entrar en el reino de los cielos! (Mc, 10:24)”. Y en otra oportunidad aparece en el juicio de Pablo la virtud como el factor esencial que suscita la exaltación del hombre, acercándose así a esa prédica de Jesús: “la santidad, sin la cual nadie verá al Señor (Heb, 12:14)”… 

Esta generalización la efectúa también en otro escrito: “así como en Adán todos mueren, también en Cristo todos serán vivificados (1 Co, 15:22)”. Aun cuando Jesús puntualizó acerca de la resurrección de los justos (Lc, 14:14), y además aseguró que: “los que hicieron lo bueno, saldrán a resurrección de vida; mas los que hicieron lo malo, a resurrección de condenación (Jn, 5:29)”… 

De acuerdo a la visión de Pablo, “la Ley no llevó nada a la perfección, sino que fue sólo introducción a una esperanza mejor, mediante la cual nos acercamos a Dios (Heb, 7:19)”.  Mas, por otra parte, enseña que “no son justos ante Dios los que oyen la Ley, sino los cumplidores de la Ley (Ro, 2:13)”. Esta incoherencia de Pablo, en orden a la entidad de la ley, que en ocasiones aparece como un elemento pernicioso: “cuantos confían en las obras de la Ley se hallan bajo la maldición (Gl, 3:10)” […] “El aguijón de la muerte es el pecado, y la fuerza del pecado la Ley (1 Co, 15:56)”, en otras, en cambio, de ella dice: “En suma que la Ley es santa, y el precepto santo, y justo y bueno (Ro, 7:12)”.[…] “porque me deleito en la Ley de Dios según el hombre interior (Ro, 7:22)” […] la Ley está contra todo lo que se opone a la sana doctrina del Evangelio que me ha sido confiado (1 Ti, 1:10)”… 

Pablo, en su epístola a los Romanos, sostiene que: “cuando estábamos en la carne, las pasiones, vigorizadas por la Ley, obraban en nuestros miembros y daban frutos de muerte (Ro, 7:5). Agregando más adelante: “Pero yo no conocí el pecado sino por la Ley. Pues yo no conocería la codicia si la Ley no dijera: ‘No codiciarás’ (Ro, 7:7)”. Lo que difícilmente Pablo podía ignorar era la advertencia dada por Dios a Caín, mucho tiempo antes del advenimiento de la Ley, tocante a la manifestación del pecado como resultado del apartamiento del bien: “si no obras bien, estará el pecado a la puerta como fiera acurrucada acechándote furiosamente (Gn, 4:7)”… 

Pese a ello, con posterioridad, asegura que al pretender hacer el bien se descubre el mal, producto de, según él, la interacción de leyes en su interior que fatalmente llevan a ese efecto (Ro, 7:21 al 23). Apunta en realidad a tendencias del ánimo, en este caso lo que en él se manifiesta no es más que su debilidad en dominar sus impulsos inferiores. Y para concluir con su paradoja, ulteriormente Pablo insta a vencer el mal haciendo el bien (Ro, 12:21). Alude Pablo también a una dualidad en las relaciones necesarias que actúan en la interioridad del hombre: “con la mente sirvo a la Ley de Dios, sirvo con la carne a la ley del pecado (Ro, 7:25)”. Concepto que se contrapone a aquella regla espiritual, enunciada por Jesús, en forma alegórica, a tenor de la cual no es posible “servir al mismo tiempo a dos patrones”… 

Pablo reprueba a los “ladrones de esclavos (1 Ti, 1:10)”, la esclavitud, empero, no es para él motivo de reconvención. Así por ejemplo, en la misma carta alienta a los esclavos creyentes que, si sus dueños son tambien creyentes, “sírvanles mejor, por cuanto son creyentes y amados los que se benefician de su buen servicio (1 Ti, 6:2)”. Aunque, por separado, no hace distinción en cuanto a la vocación de los patrones: “Siervos, obedeced a vuestros amos terrenales con temor y temblor, con sencillez de vuestro corazón, como a Cristo (Ef, 6:5)”. Aparte de eso, sugiere Pablo este despropósito: “¿Fuiste llamado en la servidumbre? No te dé cuidado, y aun, pudiendo hacerte libre, aprovéchate más bien de tu servidumbre (1 Co, 7:21)”. Pero a versículo por medio desconcierta con este contrasentido: “Por precio fuisteis comprados; no os hagáis esclavos de los hombres (1 Co, 7:23)”... 

En otra carta incita a los esclavos a no obrar injustamente, lo que para él representa el tener con sus dueños una obediencia no fingida, sencillez de corazón, y hacer el trabajo “de corazón”; de no actuar de ese modo el esclavo “recibirá el pago de su injusticia”. Y en cuanto a los patrones, les pide a estos “proveed a vuestros siervos de lo que es justo y equitativo (Col, 3:22 al 25, y 4:1)”. 5 Lo “justo y equitativo” obligaba que fuera liberar a los esclavos acatando la palabra de Dios: “Ustedes, sin embargo, se convirtieron hace poco e hicieron según mi deseo, proclamando la libertad de sus hermanos (Jer, 34:15)”…


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(*) Nota Final:

El autor de esta publicación es "Carlos Segures", fiel seguidor y colaborador de este Blog; quien amablemente me solicitó el compartir este artículo con el resto de los lectores; y al no estar en contra de la filosofía del Blog, es un honor para mí el poder publicarlo. El mismo Carlos" se encargará de responder las dudas de los lectores a través de los comentarios.


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